TER-7.1 LA MUELA- TERUEL

La Muela de Teruel refleja, tal vez como ningún otro escenario, la épica y el sufrimiento de una batalla librada en las más adversas condiciones climatológicas. Con sus posiciones defensivas desde el comienzo de la contienda, la Muela sería conquistada por los republicanos en su ataque de diciembre de 1937, para ser nuevamente recuperada por las fuerzas del general Varela en los últimos días de ese año y, recobrada parcialmente por los gubernamentales en el primer día del año 1938, quedando como un frente estabilizado hasta los últimos días de la batalla, aunque nunca exento de combates.

De las muchas trincheras que se abrieron sobre la planicie de la Muela, sólo se conservan las que fueron construidas en las proximidades del vértice geodésico, dando vistas hacia San Blas, con algún refugio, parapeto o cueva muy deteriorados. En algún otro punto distante, con vistas a la antigua carretera de Tarancón o al Carburo, queda el testimonio de alguna trinchera enterrada.

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Tras el corte de las líneas republicanas en San Blas, movimiento que supuso el aislamiento de las unidades que defendían el sector de El Campillo, un grupo de combatientes fue trasladado hasta el llano para evitar el avance enemigo, pero el potencial republicano hizo que pronto se replegaran a otros puntos defensivos.

Algunos de estos defensores fueron a engrosar las posiciones del vértice de la Muela, desde donde vieron, en medio de la ventisca de nieve, como una masa de hombres apoyada por tanques avanzaba hacia sus posiciones.

Ernest Hemingway, enviado especial de la North American Newspaper Alliance, escribió varias crónicas sobre el ataque republicano sobre Teruel, dando cuenta de los primeros días de la ofensiva. En una de ellas describe la Muela como un lugar fortificado con emplazamientos artilleros de cemento y rodeado de trampas para tanques hechas con escarpias forjadas de rieles de acero. Al margen de cual fuera el grado de fortificación, lo cierto es que la Muela parece un lugar inexpugnable con paredes verticales de elevada altura.

Sin embargo, el avance de los republicanos fue arrollador y los combatientes que defendían aquella cota se fueron replegando sobre Teruel, encerrándose en el Convento de San Francisco, el Cuartel de la Guardia Civil y el Seminario.

Durante los días siguientes, con la llegada de nuevas tropas de refresco, se produjo el avance del Cuerpo de Ejército del Sur del Turia mandado por el general Varela, hasta que la 1ª División de García Valiño conquista la Muela y el día 31 de diciembre se asoma a su vertiente este, frente al Seminario. Algunos hombres del VII Tabor de Larache bajan hasta el puente de la carretera de Tarancón, sobre el río Turia, y las primeras casas de Teruel más allá del barrio del Jorgito.

Los carabineros de la 84 Brigada Mixta que asediaban los últimos reductos de Teruel abandonaron el cerco al creer que las fuerzas que avanzaban por la Muela se disponían a  entrar en la ciudad.

Pero, en la tarde del último día del año comenzó a nevar intensamente, una nevada que paralizó las operaciones militares y permitió que el Estado Mayor republicano consiguiera frenar la huida y reorganizar el asedio de los edificios que todavía resistían.

El contraataque de unidades de reserva, como la 47 División mandada por el mayor Durán, obligó a la 1ª División a retroceder, librándose duros combates en los que muchas víctimas fueron causadas por las bajas temperaturas.

La Muela pasaría a ser un sector estable hasta la ofensiva final del 17 de febrero, trasladándose el grueso de las operaciones hacia el valle del Alfambra.

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